Luego de la engorrosa introducción se puede pasar al tema de recuperar la salud. ¡¡¡Menuda tarea!!! Si bien, la Apiterapia tiene efectos orgánicos y energéticos, mi enfoque del paciente es humanístico, aunque aquí no se haga demasiado hincapié en ello por no ser el tema.

Hace 65 millones de años, cuando la abeja picaba, generalmente mataba. La Fosfolipasa A2 (y en menor medida la Fosfolipasa B apoyadas por la Mellitina) destruían las membranas celulares en un proceso en cascada que terminaba con la muerte de la víctima. Las formas de vida posteriores (el hombre entre ellas), evolutivamente aparecen en este mundo ya con una contraenzima que inactiva en las células a esa Fosfolipasa. Ojo, este proceso se realiza en las células jóvenes y sanas, no en las viejas, en las que han perdido su función o las que han degenerado. Entonces, en primer lugar, el veneno de abejas obliga al recambio celular, “rejuveneciendo” el organismo, pero destruyendo lo anormal, entre ellos las celulares tumorales que han degenerado. Obvio, por definición es la quimioterapia ideal, destruye selectivamente a las células tumorales. Es esa misma Fosfolipasa la que se busca en los venenos de serpientes, de los que tantas veces hemos escuchado mencionar como crotoxina. Con la diferencia que en los venenos de serpientes es casi imposible despegarla de las proteínas neurotóxicas.

También el veneno de abejas estimula el sistema inmunitario, con lo que se logra que sea el organismo -la propia naturaleza- quien pueda manejar la enfermedad. Si esto no se logra por haber llegado tarde, al menos con un sistema inmunitario optimizado y un organismo en condiciones se podrá acceder a lo que es la historia natural del cáncer, vida normal y muerte por paro respiratorio durante el sueño, en el momento menos pensado. Sin dolores ni consunción.

Se sabe también que el veneno de abejas estimula Hipotálamo-Hipófisis y con ello todo el sistema endócrino y el organismo, “obligándolo” a reparar lo reparable y a cumplir su función correctamente. Todos estos mecanismos citados no son nuevos. Orlov, en Rusia, los demostró en el laboratorio en la segunda mitad de la década del 50.

Lo que se descubrió a posteriori, es que el veneno de abejas tiene la potestad de hacer recuperar a las células cancerosas el mecanismo de apoptosis, con lo que estas proceden a realizar “el suicidio programado” genéticamente y el cáncer se autodestruye, al menos parcialmente.

No se puede soslayar -ante la necesidad- el efecto analgésico del veneno, que en muchos casos será requerido. De altísima potencia, sin problemas de acumulación ni de sobredosis. Todo en la medida que la persona no sea alérgica al veneno, única contraindicación absoluta.

El propóleos es un enérgico antioxidante, los hay muchos en la naturaleza y se complementan. Un antioxidante “limpia” por dentro, desintoxica las células; y una célula desintoxicada y limpia, no solo no puede ser parasitada por virus, no solo cumple bien su función, sino que no degenera y se transforma en una barrera para el crecimiento tumoral.

La recuperación de las energías, del estado general, el volver a sentirse dueño del cuerpo y la reducción del o los tumores, deben ser la plataforma sobre la cual la persona construirá su futuro a los fines de curarse ella, cosa que está vedada a cualquier tipo de medicina.

Difícil tema en apretada síntesis. A solicitud, se lo ampliará en forma individual por correo electrónico. Al decir del maestro Lito Nebbia, “si la historia la escriben los que ganan, eso quiere decir que hay otra historia, la verdadera historia, quien quiera oír, que oiga”.

Dr. Julio Cesar Díaz

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