Hablar de los productos de la colmena en prevención es ir más allá del usual discurso. En primer lugar, algo poco tenido en cuenta, la dieta. Cuando con el propóleos aportamos una buena cantidad de oligoelementos poco usuales en las dietas comunes, y a ello le agregamos las vitaminas de la Jalea; pero por sobre todo el total vitamínico del polen, más las proteínas, incluso los aminoácidos esenciales, más oligoelementos y calcio y hierro orgánicos, más las preciadas grasas vegetales, tenemos un excelente resultado que incide a futuro. Desde arterias limpias, bajos niveles de colesterol en sangre, bajos niveles de azúcar y un mecanismo correctamente aceitado.

Luego tenemos que en mayor o menor medida, todos los productos de la colmena son Inmunomoduladores. Corrigen y mejoran nuestras defensas, lo que hace inútil hablar de dónde estaría la prevención. También, a través de Hipófisis se logran “despertar”  y mantener activos los mecanismos de bioreglaje o de reparación natural. Nuestro organismo funciona instintivamente como una máquina que se autorepara; y ello hace obsoleta a la intervención externa en la mayoría de los eventos diarios.

 

A modo de advertencia

Muchas veces se consumen productos de la colmena sin tener los más mínimos resultados. La abeja nunca produce mala calidad. Es un laboratorio ambulante y completo, que con solo detener su vuelo frente a una flor por unos instantes, ya sabe si hay proteínas, néctar y minerales. Sólo lleva a su casa lo que sirve a su familia, que es también lo que sirve al ser humano.

 

Por desconocimiento o por mala fe, muchas veces, demasiadas quizás, los productos de la colmena no siguen el camino correcto; y son expuestos al sol, a la temperatura y a la intemperie. Esto los degrada, les quita efectividad y potencia terapéutica. Es sólo un mal manejo del hombre, no atribuible a la abeja. A la hora de consumir productos de la colmena, esperando un resultado sobre su salud, debe conseguir un proveedor confiable. Los productos de la colmena, se degradan con la luz. Pierden eficacia cuando son sometidos a temperaturas de más de 40º y tienen tendencia a descomponerse cuando absorben humedad. No tienen tóxicos ni bacterias patógenas, no al menos antes de que los toque el hombre.

 

La abeja no nos da nada, todo se lo robamos, irrumpimos en su casa, la destruimos, matamos sus ocupantes y les robamos su comida. No se puede hablar de lo que “nos regala la abeja”; así que al menos, devolvámosle algo al no culparla por nuestros errores.